Sí, ese soy yo en las semanas antes de Navidad. Mi esposa piensa que soy una especie de Grinch que no disfruta del espíritu navideño, y quizás tenga razón. No me malinterprete, sí me gusta la Navidad; lo que me fastidia es el ruido constante, las luces parpadeantes, las compras desenfrenadas y esa alegría exageradamente empalagosa que espera que yo ande dando saltitos por la nieve, tocando campanas y repartiendo felicidad como si fuera polvo de hada.
No es precisamente una “Noche de paz” para mi gusto. Verá, creo que hemos llegado a un enorme desequilibrio entre el ruido de la vida, que se multiplica en Navidad, y el silencio que se necesita para la reflexión y la oración. Y no es solo en Navidad que nos persiguen el ruido y las luces parpadeantes, sino durante todo el año, y yo también soy culpable de esto. Dejamos el televisor prendido aunque sea como ruido de fondo, nos subimos al carro y suena la radio, salimos a correr o a montar bicicleta con los audífonos pegados a las orejas. Nuestros teléfonos suenan sin parar con correos, mensajes de texto y mensajes instantáneos, o con notificaciones de Facebook, Instagram y Twitter. Parece que nos hemos vuelto incómodos con el silencio y con estar a solas con nosotros mismos y con nuestros pensamientos.
Al comienzo de nuestra clase de Karate, los alumnos se forman, se sientan de rodillas (seiza) y el alumno de mayor rango dice “Mokuso”, que significa “meditar”. Es un momento en el que cerramos los ojos y guardamos silencio para despejar la mente y concentrarnos en el entrenamiento que viene. Es una parte esencial de la clase, porque creemos que un buen “mokuso” ayuda muchísimo a mejorar el desempeño del alumno (y del maestro) en clase.
De la misma manera, creo que unos minutos de silencio al comenzar el día pueden ser tremendamente útiles para la reflexión, el recogimiento y el pensamiento libre de estorbos, sobre todo para prepararnos para el día que tenemos por delante. En un mundo tan ocupado, tan lleno de distracciones, reuniones, quehaceres y conversaciones, recuerde que las conversaciones más importantes que puede tener son las que tendrá consigo mismo en el silencio de su mente. Espero que se dé el tiempo para escuchar lo que tiene que decirse.
*Mis mejores deseos y, sí, ¡Feliz Navidad!*
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
