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Colorado Karate Club
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El niño gruñón que encontró su sonrisa

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, octubre de 2025

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Instructor con gi negro conversando con una mamá y su hijo de brazos cruzados y ceño fruncido

He visto esta escena muchas veces: Sarah, la mamá, entra a nuestra escuela de Karate con su hijo gruñón de once años, Ethan, siguiéndola de cerca. Sarah se ve agotada, como si ya no supiera qué más hacer, y Ethan se ve fastidiado, con los hombros encogidos y la mirada clavada en el piso. Sarah había escuchado que el Karate podía ayudar a su hijo a ser más respetuoso y Ethan, para su sorpresa, había mostrado una chispa de interés por aprender Karate. Era su última esperanza. Le preocupaba que su actitud irrespetuosa y su incapacidad para escuchar solo empeoraran a medida que fuera creciendo.

Mientras conversaba con Ethan, pude ver más allá del mal humor. Había un gran potencial ahí, no solo para el Karate, sino para que se convirtiera en una persona íntegra, respetuosa y amable. Sin embargo, sus acciones en ese momento estaban completamente dictadas por sus emociones mal encaminadas. Lo que necesitaba, yo lo sabía, era solo un poco de orientación y algo de presión positiva de compañeros con su misma mentalidad.

Hablé con Ethan, en particular sobre la importancia de respetar a sus padres. Le conté mi propia experiencia: cómo, incluso pasados los cincuenta, sigo sintiendo un profundo respeto, amor y cuidado por mi mamá, y jamás se me ocurriría levantarle la voz. "Tu mamá", le dije, "está para quererla, abrazarla, besarla y cuidarla". También le dejé claro que el Karate solo se usa para defenderse a uno mismo y a los seres queridos, y que eso era exactamente lo que esperaba de él. Creo que Ethan vio un camino hacia algo que realmente quería, y aceptó trabajar en su actitud como condición para entrenar.

Y así empezó su camino. Día tras día, semana tras semana, lo fuimos guiando, consultando seguido con Sarah para seguir su progreso. Algunas semanas eran excelentes, mientras que otras eran un poco más difíciles, con Ethan recayendo de vez en cuando en sus viejos hábitos. Pero a medida que pasaban los meses, empezó a darse una verdadera transformación.

Los reportes de Sarah se volvieron cada vez más positivos. Hablaba de un hijo más amable y respetuoso, que ahora ayudaba en la casa sin que se lo pidieran. Hasta sus notas en la escuela empezaron a mejorar. El propio Ethan parecía más feliz; el mal humor del principio había dado paso a más sonrisas y a una actitud genuinamente más positiva.

Después de un año y medio de entrenamiento constante, no podría estar más orgulloso de Ethan. Escuchar sobre sus logros, dentro y fuera del dojo, es increíblemente gratificante. Solo puedo imaginar todas las cosas grandiosas que logrará si sigue por este camino. Esto es lo que realmente alimenta mi motivación para enseñar Karate día tras día. Aunque las habilidades asombrosas, los golpes poderosos y las patadas altas son impresionantes, la verdadera victoria está en la perfección del carácter de nuestros alumnos: la victoria sobre uno mismo. Y a cada "Ethan" que se siente incomprendido o que lucha con sus emociones: hay un camino hacia adelante. Lo único que se necesita es la disposición de intentarlo. El camino puede ser difícil, pero la persona en la que uno se convierte al final vale totalmente el esfuerzo.

Lecciones como esta se viven en el tatami cada semana

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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