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Colorado Karate Club
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El poder del fracaso y el precio del éxito

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, febrero de 2018

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Maddox es un alumno de Karate de seis años, lleno de vida, que entrena con constancia todas las semanas y disfruta el entrenamiento y sus beneficios. Este día, Maddox, junto con varios otros alumnos, rinde su examen de cinturón amarillo. Ha entrenado y se ha preparado bien. Su mamá y su papá están aquí para verlo y tienen grandes expectativas.

Maddox empieza bien su examen, está fuerte y enfocado; parece que será tarea fácil. Pero a mitad de camino pasó algo: su mente se distrae, pierde la concentración. De repente está cometiendo errores, los nervios empiezan a apoderarse de él y no logra recuperar el enfoque. En ese momento todo parece venirse abajo.

El examen termina, y mientras sus compañeros reciben su certificado y sus nuevos cinturones, a Maddox se le dice que no aprobó y que tendrá que volver a rendirlo más adelante. Obviamente, está desanimado, abatido. Sale del Dojo y abraza a su mamá, mientras se le escapan unas lágrimas por las mejillas, que trata de esconder en sus brazos.

He visto esta escena muchas veces, y es muy difícil desaprobar a alguien a quien quiero tanto ver triunfar. Sin embargo, sé por experiencia que el fracaso es parte de la vida, que a veces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, nos quedamos cortos de nuestra meta. Como padres, también es difícil ver a nuestros hijos fracasar en cualquier cosa, y tener que lidiar con todas las emociones que eso trae.

Algunos padres parecen querer ahorrarles a sus hijos cualquier desilusión o dificultad. Los padres de Maddox podrían haber venido a reclamarme a mí, como instructor, por haberlo desaprobado, por no haberlo preparado lo suficiente o por haberlo hecho rendir el examen cuando no estaba listo. Podrían haberlo sacado del entrenamiento para que hiciera otra cosa donde “siempre pueda triunfar”, o donde no tuviera que pasar por una experiencia tan “negativa”.

Afortunadamente, sin embargo, eso rara vez pasa. Me siento sumamente orgulloso de ver a padres que, mientras consuelan a sus hijos, también los animan a esforzarse más, a prepararse mejor física y mentalmente. A aprender de sus fallas y del dolor que les causan; a levantarse y hacerlo mejor la próxima vez.

Así es, Maddox, como muchos de mis alumnos en esa situación, no se derrumbó; ahora estaba aún más decidido, entrenó más duro y no se rindió. Su mamá me contó: “Ha estado practicando todos los días en la sala”. En el siguiente examen, Maddox estuvo increíble, y no había duda de que se ganó su cinturón amarillo. Mientras lo miraba, no pude evitar sonreír de orgullo, no solo por su logro, sino sobre todo por su capacidad de recuperarse.

Creo de verdad que debemos retar a nuestros hijos a dar lo mejor de sí, permitiéndoles esforzarse, fallar y triunfar. Mostrarles el camino y dejarlos caminar, no siempre cargarlos en hombros. Sí, a veces van a tropezar y caer, pero solo levantándose por sí mismos podrán disfrutar plenamente el valor del trabajo duro y el precio del éxito.

A tan temprana edad, el ejemplo de Maddox tiene mucho que enseñarnos a muchos de nosotros sobre el enfoque, la determinación y las ganas de triunfar, y para mí es un honor ser parte del camino.

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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