
Se dice que el famoso espadachín japonés del siglo XVI Tsukahara Bokuden tenía un alumno conocido por ser increíblemente hábil, más rápido que nadie y casi invencible en combate. Un día, este discípulo caminaba por la calle y pasó cerca de un caballo muy inquieto que, al sentir su presencia, se encabritó e intentó patearlo. Sin embargo, el joven reaccionó tan rápido que esquivó la patada con un solo movimiento veloz. Todos los que lo vieron quedaron asombrados y lo aclamaron. El discípulo se sintió muy orgulloso de sí mismo, y más tarde ese día fue a contarle la historia a su maestro.
Para su sorpresa, Bokuden no se alegró, y expulsó al alumno de su escuela. Los hijos de Bokuden le preguntaron a su padre por qué había expulsado a un discípulo tan sobresaliente. Él respondió: "Un hombre que no puede prever el peligro que tiene delante es un caso perdido, por muy hábil que sea. Creía que era un hombre de mejor juicio, pero me equivoqué".
Con esta historia vemos que Bokuden valoraba el buen juicio mucho más que la gran habilidad, porque la gran habilidad es en realidad algo peligroso en manos de una persona descuidada. Me acuerdo de esto cuando voy manejando por la autopista y alguien me pasa a 20 o 30 millas por hora por encima del límite de velocidad, zigzagueando entre los carros. Su mal juicio no está a la altura de su (cuestionable) habilidad al volante, y muchas veces con consecuencias terribles.
Esta es la razón principal por la que un artista marcial debe esforzarse primero por perfeccionarse como persona antes de intentar perfeccionar su técnica. Tener el control de las propias acciones y emociones es un logro más alto que vencer a un oponente.
Nuestros alumnos de Karate aprenden muchos golpes, patadas, bloqueos, derribos, etc. Pero saben qué es lo que más importa, como lo expresó con toda claridad una de mis alumnas hace apenas unos días al salir de clase. Le pregunté a esta niña de diez años: "Señorita Susan, antes de irte, ¿en qué puedes mejorar la próxima semana?". Se volteó hacia mí y me dijo: "En pensar antes de actuar". Me detuve un segundo a reflexionar y le dije: "No lo podría haber dicho mejor. Ve y haz justamente eso".
Fue una frase muy sencilla, pero de un significado muy profundo. ¿Y si consideráramos con cuidado lo que estamos a punto de decir o hacer, incluso cuando estamos bajo presión? Incluso después de que nos hayan herido o insultado, responder de una manera verdaderamente reflexiva. Considerar las repercusiones de nuestras acciones antes de tomarlas y hacer lo que es mejor, no solo lo que se siente bien en el momento. Cuando hacemos eso, logramos la mayor victoria que uno puede alcanzar. Una victoria sobre uno mismo.
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
