
La semana pasada, mientras Jackson, uno de mis alumnos de Karate, recogía su maletín del piso para irse del dojo después de entrenar, su papá se levantó de la silla para salir también. Jackson miró a su papá y le dijo: "¡Te quiero, papá!". Su papá, sin dudarlo un segundo, le respondió: "Yo también te quiero, campeón".
No sé por qué me impactó de esa manera. Quizás porque fue tan de la nada, sin ninguna conversación previa, sin ninguna interacción en particular entre ellos. Me conmovió la sencillez y la espontaneidad de las palabras de Jackson. Probablemente ninguno de los dos le dio mucha importancia a ese intercambio, pero a mí me tocó el corazón y me trajo recuerdos de mi propio papá, de los momentos sencillos que pasamos juntos y de cuántas veces le dije que lo quería. Y aun así, me parece que quizás no lo hice lo suficiente.
Recuerdo que de niño escuchaba en el tocadiscos una canción de 1969 del cantante argentino Piero, "Viejo, mi querido viejo", junto a mis hermanos, mi mamá y mi papá, todos sentados alrededor del tocadiscos de consola en la sala. Es una canción emblemática sobre los padres, sobre todo cuando envejecen, sobre lo que nuestros padres llevan por dentro, la bondad, la tristeza, la soledad, las experiencias, etc., y sobre cómo, siendo hijos, nos vemos tan distintos de la generación anterior.
A mi papá se le llenaban los ojos de lágrimas al escuchar esta canción. Mi abuelo había fallecido un año antes de que yo naciera y, obviamente, le traía recuerdos de él. Hasta el día de hoy, todos recordamos claramente esos momentos alrededor del tocadiscos. Siguen siendo muy especiales, y quizás tengan aún más significado ahora que yo mismo me voy convirtiendo en el "viejo" de la canción a medida que mis hijos crecen.
Veinticinco años después del fallecimiento de mi papá, esta canción todavía me toca las fibras del corazón, recordándolo a él y todos los momentos maravillosos, e incluso los difíciles, que compartimos mientras crecíamos. Con sus virtudes y sus defectos, sé que nos quería muchísimo a sus hijos, y nosotros también lo queríamos. Solo espero que hayamos hecho lo suficiente para demostrárselo.
Si todavía tiene a su papá con usted, siga el ejemplo del pequeño Jackson y, sin motivo alguno, dígale a su padre: "¡Te quiero, papá!". Créame, nunca se dice lo suficiente. ¡Feliz Día del Padre!
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
