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¡El mundo no le debe nada!

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, abril de 2023

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Foto en blanco y negro de niños apretujados en la puerta de un viejo autobús urbano

Es otra mañana de neblina en la primavera limeña de 1987. Mi hermano y yo hemos tenido la suerte de alcanzar el bus que nos lleva al colegio. Como siempre, va repleto, al punto de que la gente va colgada de las puertas, y nuestras narices ya se han acostumbrado a los olores rancios de las personas que nos aprietan por todos lados. Es solo otro día de clases.

Mientras el bus avanza por la ciudad, pasamos junto al restaurante KFC que yace en ruinas después de que el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) detonara una bomba que lo derrumbó hace uno o dos días. Los terroristas fueron "tan amables" de sacar a todos antes de detonar los explosivos, así que nadie resultó gravemente herido. Un poco más allá pasamos por una zona muy pobre donde los montículos de basura se elevan unos 10 pies sobre el suelo, y donde los niños hurgan entre los desperdicios buscando comida o cachivaches que se puedan rescatar.

45 minutos después, el bus por fin llega a nuestro paradero. Entre empujones y codazos nos bajamos al aire húmedo pero fresco de afuera. Todavía estamos a unas doce cuadras del colegio, así que caminamos apurados con las mochilas a cuestas. Ni siquiera registramos la cantidad de niños que, cubiertos con periódicos, duermen en la entrada de los negocios por los que pasamos. Solo nos alegra haber llegado al colegio con cinco minutos de sobra antes de que cierren las puertas.

Durante mucho tiempo, estos recuerdos fueron solo memorias de tiempos pasados; no me parecían nada fuera de lo común. Pero, en perspectiva, me doy cuenta del mundo tan revuelto en el que vivíamos, lleno de conflicto y miseria a nuestro alrededor. Mis hermanos y yo, sin embargo, apreciábamos las pequeñas alegrías de la vida y estábamos muy agradecidos por lo que sí teníamos. Suena loco decirlo, pero de verdad tuvimos una niñez muy feliz.

En cambio, cuando avanzo hasta el día de hoy, en la seguridad y prosperidad de Estados Unidos, observo a una generación joven sumamente insatisfecha. Puede que manejen su propio carro apenas cinco cuadras hasta la escuela y no paguen ninguna cuenta, pero aun así se quejan del tráfico, de la mala señal del celular, de la aburrida comida de la cafetería y de que sus despistados padres les compraron el iPhone del color equivocado. En medio de la abundancia, parecen tan carentes e infelices. Lo cual me hace preguntarme: ¿qué está pasando aquí?

En su libro "Hustle Harder, Hustle Smarter", Curtis Jackson, alias "50 Cent", parece responder la pregunta. Describe cómo su hijo, Marquise, cayó en la trampa de creerse con derecho a todo porque Curtis le daba todo lo que pedía. Marquise incluso llegó a resentir a su propio padre, porque Curtis nunca podía hacer lo suficiente para satisfacer sus exigencias de ayuda.

Jackson concluye que "uno nunca debe sentir que el mundo le debe algo. Porque no es así. ¡Todo depende de uno! Y saberlo es liberador, porque solo entonces uno es libre de convertirse en la mejor versión de sí mismo".

Aunque no soy fan de su música, en esto sí tiendo a estar de acuerdo con 50 Cent. Pero, ¿usted qué opina? ¿Estamos haciendo que nuestros hijos se sientan con derecho a todo al darles demasiado, con demasiada frecuencia y con demasiada facilidad? ¿Estamos creando una generación que cree que todo se le debe?

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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