Mientras estoy sentado en mi oficina esperando nuestra primera clase del día, miro hacia la ventana del frente de la escuela. Ahí veo correr hacia la puerta a una niñita de cuatro años, Vivian, con el cabello peinado en dos colitas, vestida con su uniforme de Karate e impecable de pies a cabeza. Unos pasos atrás, con una gran sonrisa, camina su mamá, cargando el cinturón de Karate y la botella de agua de su hija. Con gran esfuerzo, Vivian abre la puerta principal para que pase su mamá, y mientras las dos entran a la escuela, escucho a la niña emocionada hablándole hasta por los codos a su mamá sobre algo que no alcancé a entender, pero que obviamente era muy importante para ella.
Me llamó la atención la sencillez y la pureza de su interacción. La niña, que depende completamente de su mamá y obviamente está bien cuidada, encuentra a su vez una manera de mostrar su agradecimiento abriéndole y sosteniéndole la puerta, para luego seguir abriéndole el corazón a su mamá, mientras ella la escuchaba con paciencia y sonreía.
No sé bien por qué, pero me hizo reflexionar sobre la relación que todos tenemos con nuestras madres. Qué maravilloso sería si pudiéramos mantener siempre esa inocencia de niño hacia nuestros padres, y especialmente hacia mamá.
Veo a muchas mamás llegar a nuestra escuela de Karate; algunas traen a sus pequeñitos a clase, otras a su hijo o hija adolescente, otras son abuelas y hasta tías que han asumido el papel de madre. Cada familia tiene su propia historia, única, pero el hilo común entre todas ellas es el amor y el cuidado que estas mujeres han demostrado, y siguen demostrando, por los niños que tienen bajo su ala, día tras día.
A medida que voy envejeciendo, también me doy cuenta de que ahora me toca a mí escuchar a mamá, es mi oportunidad de llevarla a pasear y de hacerle saber que siempre la voy a cuidar. Si usted todavía tiene a su mamá, espero que haga lo mismo.
A todas las madres, mi gran respeto y admiración por todo el trabajo, el sacrificio, la dedicación y el amor que han derramado en nosotros, sus hijos. Solo espero que podamos devolvérselo, aunque sea en pequeña medida, siendo los hombres y mujeres que ustedes esperaban que llegáramos a ser. ¡Feliz Día de la Madre!
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
