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Pateando juntas: cómo una mamá convirtió el Karate en tiempo en familia

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, mayo de 2025

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Mamá sonriente y sus dos hijas con uniformes de Karate posando juntas en el tatami del dojo

Es martes en el dojo y la clase de principiantes está terminando. Mientras los alumnos recogen sus cosas y se despiden, la pequeña Lily se me acerca con una gran sonrisa y anuncia orgullosa: "Sensei, ya tengo seis años".

Me quedo un segundo en pausa, un poco sorprendido, no porque no supiera su edad, sino porque Lily ya lleva tres años siendo parte de nuestra familia del dojo. Empezó en nuestro programa de pre-karate una semana después de cumplir tres años. Siempre ha tenido una gran personalidad y un corazón todavía más grande. Su hermana, Evie, se unió junto con ella a los cinco años. Desde el principio, las dos niñas han entrenado con constancia y han crecido muchísimo en el tatami.

El año pasado, cuando Lily se preparaba para pasar al programa de principiantes, su mamá me llamó aparte y me dijo algo sencillo pero significativo: "Cuando Lily suba de nivel, yo también me voy a inscribir". Y lo hizo.

Desde entonces, ver a Lily y a su mamá entrenar lado a lado ha sido una de las escenas más conmovedoras del dojo. Hay una magia silenciosa en la manera en que se miran durante la clase: Lily radiante de admiración, y mamá con una mezcla de orgullo y aliento cariñoso. Lily siempre ha sido enfocada, pero ahora, con mamá a su lado, tiene una chispa extra. Entrena más duro, escucha con más atención y dirige el calentamiento con una determinación feroz que es imposible no notar. Cuando dirige la clase con su vocecita, fuerte, clara y llena de confianza, es un momento que resume de qué se tratan las artes marciales.

Pero no se haga la idea de que mamá solo está ahí para echarle porras a Lily. Esta también es su clase. Lo da todo: chorreando sudor, con la respiración agitada, pero siempre terminando con esa sonrisa satisfecha de quien acaba de superar sus límites. No solo apoya a sus hijas: también se está cuidando a sí misma.

Puede que el Karate no sea para todos los padres, pero para muchas mamás y papás que se han unido a sus hijos en el tatami, la experiencia es transformadora. Es más que estado físico o defensa personal: es crecimiento compartido, respeto mutuo y recuerdos construidos juntos.

Claro, sabemos que no todas las actividades se prestan para que participen los padres. La mayoría de las mamás no se ponen las hombreras para jugar de linebacker en los partidos de fútbol americano del sábado. Pero sí hay maneras de conectarse con los intereses de su hijo de forma significativa y duradera, ya sea entrenando juntos artes marciales, saliendo a trotar, aprendiendo una habilidad nueva o simplemente yendo al boliche un fin de semana.

Este Día de la Madre celebramos a mamás como la de Lily y Evie: las que se presentan, se ponen el uniforme y enseñan con el ejemplo. Al hacerlo, les dan a sus hijos algo que no tiene precio: no solo apoyo, sino experiencias compartidas, recuerdos duraderos y la inspiración para dar siempre lo mejor de sí.

Lecciones como esta se viven en el tatami cada semana

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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