Estudiantes nuevos: su primera sesión introductoria es gratis
Colorado Karate Club
← Desde el escritorio del Sensei

Me rindo

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, abril de 2021

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Yo tenía unos diez años y llevaba algunos años haciendo Karate, ya había llegado al cinturón verde. Pero para entonces, el brillo del entrenamiento se había ido apagando. Es decir, hay mucha repetición, mucha práctica, y yo estaba aburrido. Quería dejarlo.

Mi dojo quedaba a un par de cuadras de mi casa, así que después del colegio mis dos hermanos mayores y yo nos alistábamos solos e íbamos a entrenar. Mi hermano mayor siempre tenía ganas de ir; mi segundo hermano se parecía más a mí, así que un día él y yo decidimos quedarnos en casa viendo Los Picapiedra en lugar de ir a clase. Cuando mi papá llegó a la casa y nos encontró viendo televisión, no le hizo ninguna gracia y nos aplicó a los dos la medicina del zapato en el trasero. Mi padre era muy cariñoso, pero también muy estricto. Cuando nos inscribió en Karate, nos dijo que por lo menos íbamos a sacar el cinturón negro. Rendirse no era una opción.

Así que allá iba yo al dojo cada vez, refunfuñando y pateando piedras. Pero después de un tiempo me volvió el gusto y ya no hacía falta que me llevaran a rastras. Al crecer, mis hermanos y yo sobresalimos en el Karate, integramos la Selección Nacional del Perú y viajamos por el mundo a muchas competencias internacionales.

Hoy el Karate es mi amor, mi pasión y mi carrera (después de dejar la Ingeniería de Software para seguir mi sueño). Y pensar que nada de esto habría sido posible si mi padre no hubiera puesto el pie firme (o en el trasero, se podría decir) y no me hubiera puesto las reglas claras cuando yo era demasiado inmaduro para terminar lo que empezaba.

A menudo escucho a padres decir: “No voy a obligar a mi hijo a hacer nada que no quiera hacer”. Pero mi padre decía: “Yo sé lo que es mejor para mi hijo, y voy a hacer que haga lo que es mejor para él, aunque no le guste. Después me lo va a agradecer”. Y eso ha marcado toda la diferencia del mundo para mí y para mis hijos, porque yo también he seguido la filosofía de mi padre.

Ya sea en el Karate, la universidad, el trabajo o cualquier otra cosa, demasiadas veces nos resulta más fácil simplemente rendirnos. Tirar la toalla. Cuando las cosas se ponen difíciles, nos rendimos. Me aburro, me rindo. Las cosas no salen como esperaba, me rindo. Rendirse se vuelve un hábito, una forma de vida y, lamentablemente, si no tenemos a un padre, un amigo, un entrenador o un maestro que nos empuje a perseverar, dejamos muchas cosas a medias.

Me pregunto cuántos logros nunca se alcanzan, cuántos descubrimientos quedan ocultos, cuánto potencial nunca se desarrolla, simplemente porque nos rendimos cuando las cosas se pusieron feas. De niño me faltaba disciplina, pero mi padre estaba ahí para suplir esa carencia. Me empujó hasta que ya no necesité que lo hiciera. Mi padre se nos fue demasiado pronto, a los 59 años, y lo extraño muchísimo. Me mostró un amor duro, pero verdadero, y por eso le estaré eternamente agradecido.

Lecciones como esta se viven en el tatami cada semana

Conozca nuestros programas para niños, jóvenes y adultos en nuestros dojos de Brighton y Westminster. Su primera sesión introductoria es gratis.

Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

¿Para quién es? *
Llamar CKCComenzar →