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Colorado Karate Club
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Más que un cinturón

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, julio de 2026

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Niño decidido de cinturón morado lanzando una patada lateral mientras su instructor observa

Como instructor de Karate, tengo el privilegio de ver a los alumnos crecer de maneras que van mucho más allá de los golpes, las patadas y los cinturones. De vez en cuando, un alumno me recuerda exactamente por qué hacemos lo que hacemos en Colorado Karate Club.

Esta es una historia de perseverancia.

Evan es el menor de dos hermanos que entrenan en nuestra escuela. Su hermano mayor, Ian, siempre ha parecido tener una habilidad natural para el Karate. Los dos empezaron más o menos al mismo tiempo, pero Ian avanzó rápido y se ganó su cinturón marrón hace varios meses.

El camino de Evan fue diferente.

Al ser más pequeño, le costaba más. Los movimientos no le salían con tanta facilidad y, mientras su hermano avanzaba, Evan empezó a quedarse atrás. Reprobó una evaluación, luego otra, y luego otra.

Algunos días me preguntaba si se rendiría.

Pero hace poco algo cambió. Fue como si se le hubiera activado un interruptor por dentro. Empezó a creer en sí mismo. Su esfuerzo cambió. Su enfoque cambió. Su actitud cambió.

En clase, Evan empezó a trabajar más duro que nunca. La cara se le ponía roja del esfuerzo. El sudor le corría por la frente. Se exigía en cada ejercicio, cada postura, cada técnica. Yo estaba orgulloso de él en silencio.

No porque ya hubiera alcanzado su meta, sino porque había encontrado algo mucho más importante: ética de trabajo. Había encontrado el valor de seguir intentándolo aun cuando el resultado era incierto. Esa es una lección que mucha gente nunca aprende.

A medida que se acercaba el examen de grado, me daba cuenta de que Evan estaba nervioso. Yo también lo estaba. Quería que le fuera bien, pero nada estaba garantizado. Tendría que ganárselo.

En su evaluación empezó con fuerza. Luego, en algún punto a la mitad, vi que la duda empezaba a colarse. A veces la duda intenta robarnos justamente aquello por lo que tanto hemos trabajado.

Cuando Evan pasó a mi lado, colorado y sudando, le dije en voz baja: "Evan, este es tu cinturón marrón. Vamos. Da lo mejor de ti". Me miró, pero no dijo nada. Luego volvió a salir y lo hizo perfecto.

Todo lo que habíamos trabajado durante meses se juntó. Sus movimientos fueron precisos, fuertes y enfocados. En ese momento no era el hermano menor tratando de alcanzar al mayor. Era un artista marcial que había aprendido a vencer la duda.

Cuando anuncié que Evan se había ganado su cinturón marrón, mantuve la cara tranquila, pero por dentro estaba lleno de orgullo y alegría. La verdadera victoria no fue el cinturón. La verdadera victoria fue que Evan se había vencido a sí mismo.

Decidió no rendirse. Decidió trabajar. Decidió ganárselo. Y como su instructor, no podría estar más orgulloso.

Lecciones como esta se viven en el tatami cada semana

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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