“Es que no me sale”, se queja Sam después de intentar, sin éxito, una combinación de técnicas en la clase de Karate. Lo miro un poco extrañado y le digo: “Está bien, para eso estás aquí, para aprenderlo, y yo estoy aquí para ayudarte. Además, es la primera vez que lo intentas. Vamos a trabajarlo y vas a ver que te va a salir bastante bien.”
Después de algunos ajustes y repeticiones, Sam empieza a entender la mecánica de los movimientos, su cuerpo responde mejor y, al final de la clase, sonríe con la satisfacción de haber logrado lo que al principio le parecía una causa perdida.
Como Sam, muchos de nosotros empezamos las cosas con la idea preconcebida de que simplemente no somos buenos para eso. Ya sabemos que vamos a fallar o que nos va a ir mal. Y a menos que tengamos a alguien que nos anime y nos guíe hacia el éxito, terminaremos cumpliendo nuestras propias expectativas de fracaso.
Sin embargo, la mayoría de las veces este pensamiento negativo no tiene nada que ver con la realidad, sino que viene de lo que nos han repetido quienes nos rodean, padres, maestros, amigos, hermanos, etc., durante semanas, meses y hasta años.
Sin darnos cuenta, con nuestras palabras vamos moldeando la imagen que tienen de sí mismos quienes nos rodean, sobre todo los niños pequeños, que son tan impresionables.
Para empezar, debemos deshacernos de las etiquetas personales negativas, especialmente al corregir a un niño. Llamar a alguien tonto, flojo, fastidioso o cosas por el estilo puede parecer algo sin importancia en el momento, pero puede quedarse con esa persona hasta la edad adulta. Al corregir a alguien, ayuda separar a la persona de la acción. Un truco sencillo es reemplazar “Tú eres…” por “Lo que hiciste fue…”, porque es mucho más fácil cambiar nuestras acciones que cambiar quiénes somos.
Afortunadamente, de la misma manera podemos ayudar a construir la confianza de una persona. Así que, como padres o maestros, nuestro objetivo no es solo enseñarle al niño, sino asegurarnos de que dé lo mejor de sí, animarlo y ayudarlo a darse cuenta de que es capaz de lograr más de lo que otros quizás le hicieron creer.
Por último, a menudo les recuerdo a nuestros instructores que cada vez que interactuamos con un alumno debemos tener muy presente que lo estamos levantando o lo estamos derrumbando; no existe un encuentro neutral. Lo mismo se aplica a la vida diaria: en nuestras familias, en el trabajo, en las redes sociales o en la calle, ¿construimos o demolemos? Sobre todo cuando se trata de nuestros hijos… mi esperanza es que aprovechemos cada día para levantarlos, poco a poco, hasta que sean personas fuertes, seguras y positivas.
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
