Estudiantes nuevos: su primera sesión introductoria es gratis
Colorado Karate Club
← Desde el escritorio del Sensei

A prueba de abusones o blanco de abusones

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, julio de 2018

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Con 5 pies 7 pulgadas no soy un tipo grande, nunca lo he sido. Hay gente que dice: “De niño era altísimo para mi edad”. Bueno, ese nunca fui yo. Mis padres eran bajitos, mis hermanos eran bajitos, y yo siempre he sido bajito. En el colegio nos formábamos por estatura, y aunque no era el primero de la fila, casi siempre estaba entre los cinco primeros.

Estudié en un colegio católico de varones grande en Lima, Perú (Colegio Maristas), desde primer grado hasta la secundaria (durante los años 80), y como era de esperarse, cuando se junta a un montón de chicos, las cosas se ponían interesantes con frecuencia. Teníamos 6 salones por grado, cada uno de unos 45 alumnos. Los compañeros se fastidiaban unos a otros sin parar, a veces en broma, a veces con mala intención; si te distraías, te robaban la lonchera de la mochila, y de vez en cuando se armaba la típica pelea a puñetazos.

No me malinterprete, era un muy buen colegio, nos divertíamos, hicimos amigos para toda la vida, la exigencia académica era alta y muchos de nuestros profesores eran personas increíbles. Sin embargo, en un ambiente así no convenía ser tímido; ser pequeño ya era bastante malo. Los abusones se ensañaban con los que parecían débiles y los atormentaban, y en esa época y en ese lugar, acusar al profesor solo te ganaba más tormento, o incluso un regaño del profesor por ser “blandito”.

En todo caso, dentro de mi cuerpo pequeño, siempre me hacía grande: mi postura, mi forma de caminar, de sentarme y de pararme les decía a todos a mi alrededor que no iba a convertirme en víctima de su diversión. Bueno, eso funcionaba la mayoría de las veces, hasta que algún chico grandote decidía poner a prueba mi aplomo. Aunque trataba de evitar las confrontaciones, echarme para atrás solo le daría más poder al abusón, así que me mantenía firme. La mayoría de las veces el abusón retrocedía, con la excusa de que no valía la pena molestarse en pegarle a un enano como yo. Otras veces, sin embargo, las cosas no salían tan tranquilas, pero yo siempre estaba listo.

Lo que aprendí, eso sí, es que una vez que me mantuve firme ante un par de “chicos malos” (sin importar el resultado), me dejaban prácticamente en paz por meses o años. E incluso podía darme el lujo de defender a otros.

Aunque en las escuelas estadounidenses de hoy hay muchas otras vías que agotar antes de llegar a esa actitud, creo que la base de lo que hice para manejar la dinámica del colegio sigue siendo válida. Tener confianza en uno mismo, en la postura, en cómo caminamos y nos comportamos, es lo que más disuade a quienes buscan presas (ya sea en la escuela, el trabajo o la calle). Y saber cómo defenderse le da la seguridad de que podría protegerse a sí mismo y a quienes lo rodean.

A nuestros alumnos de Karate les aconsejamos evitar siempre la situación desde el principio. Defenderse es el último recurso, y solo cuando nuestra integridad física está en juego. Los buenos artistas marciales somos gente pacífica, siempre y cuando nos dejen seguir siéndolo.

Como escribió el famoso Sun Tzu en “El arte de la guerra”:

Un alumno le dijo a su maestro: “Usted me enseña a pelear, pero habla de paz. ¿Cómo concilia las dos cosas?”. El maestro respondió: “Es mejor ser un guerrero que cuida su jardín que un jardinero en una guerra”.

Aunque sigo entrenando con entusiasmo, llevo muchos años cuidando mi jardín, y eso me parece muy bien.

Lecciones como esta se viven en el tatami cada semana

Conozca nuestros programas para niños, jóvenes y adultos en nuestros dojos de Brighton y Westminster. Su primera sesión introductoria es gratis.

Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

¿Para quién es? *
Llamar CKCComenzar →