Como la mayoría de ustedes, soy del tipo de persona que, si me preguntan, le dirá que “la familia es primero”. No hay nada más importante, diría yo. Y sin embargo, hay momentos que lo hacen a uno reflexionar, que le dan un buen golpe en la cabeza para que se dé cuenta de que tal vez se está quedando corto.
Jerry era mi suegro, y él y yo éramos muy unidos. Con los años nos hicimos los mejores amigos. Íbamos a jugar golf (par 3 sobre todo, porque soy malísimo), hacíamos juntos proyectos en la casa, desde cercas hasta instalar nuestro sistema de riego, y también trabajábamos con computadoras, desde armarlas hasta probar distintos tipos de sistemas operativos Linux. También pasábamos tiempo en familia, con cenas los domingos, jugando cartas y viendo fútbol americano; aunque él odiaba cuando yo saltaba del asiento y gritaba “¡Touchdown!”, y me decía: “¡Ay, Willy, cálmate!”.
Mi suegra, con quien también tuve una relación maravillosa, había fallecido de cáncer apenas un año antes, y ahora Jerry también lo estaba combatiendo. Para librarse de él, había decidido operarse, lo que lo tenía bastante nervioso. Los médicos esperaban que fuera un procedimiento sencillo. Y de hecho, salió bien de la operación.
Mi esposa fue a verlo mientras se recuperaba, y estaba de muy buen ánimo. Por esos días yo estaba ocupado con nuestro negocio de ropa, tratando de terminar un pedido de chaquetas bordadas. Mi esposa regresó del hospital y me dijo: “Deberías ir a verlo, ¡le encantaría!”. Le dije que iría a verlo al día siguiente, que ese día tenía que terminar el pedido. Pero, como se imaginará, nunca tuve la oportunidad. En medio de la noche, Jerry llamó y dijo que había complicaciones y que tenía que volver a operarse. Su corazón no soportó el estrés de otra operación, y perdí a mi más querido amigo esa madrugada.
Todos estos años me he lamentado de no haber estado con él y de haber dado el tiempo por sentado. Miro hacia atrás y me doy cuenta, con dolor, de que ningún negocio fue jamás más importante que pasar tiempo con Jerry ese día. Hoy, sin embargo, uso esa experiencia para recordarme lo que es verdaderamente importante. La vida está hecha de momentos pequeños y sencillos con las personas que amamos. Y aunque tenemos que ganarnos la vida, no hay nada más valioso ni más importante que hacer tiempo para quienes amamos.
En su vida, hoy, ¿hay alguien a quien le encantaría tener un poco de su tiempo? ¿Alguien a quien podría llamar o visitar, pero todavía no lo ha hecho? Levante el teléfono o súbase a su carro, tómese el tiempo de estar con esa persona mientras el tiempo todavía esté de su lado.
Eso es algo de lo que nunca se arrepentirá.

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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
