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Mi trabajo era pésimo, y estoy agradecido por él

Por Sensei Willy Strohmeier · The Brighton Buzz, julio de 2022

Traducido del inglés. Publicado originalmente en The Brighton Buzz. Read this article in English

Tenía 22 años, mi primera hija tenía un mes de nacida y yo celebraba mi primer año trabajando en USWEST Communications, la compañía telefónica local de Mountain Bell. Era mi primer trabajo corporativo, después de haber pasado por cocinero de comida rápida y cajero de gasolinera. Aun así, estaba en el último escalón. Con apenas la secundaria terminada en el Perú, mi trabajo consistía en hacer llamadas de telemarketing a clientes de telefonía fija para venderles productos tan emocionantes como Llamada en Espera, Identificador de Llamadas y Buzón de Voz. Ya sé, estoy viejo.

En USWEST me encantaban mis compañeros de trabajo; mi gerente, Carol McCaffrey, era maravillosa y seguimos siendo amigos durante muchos años. El trabajo, sin embargo, era tedioso. Hacer cientos de llamadas al día por $6 la hora más comisión no tenía nada de glamoroso, pero yo pensaba que era un buen trabajo y estaba agradecido de tenerlo. Mi inglés a medias era un reto, por decir lo menos. Muchas veces, la gente, que ya estaba molesta porque yo había interrumpido su día, me ladraba: "No entiendo nada de lo que dice… clic".

Sin desanimarme, seguí adelante. La empresa ofrecía mucha capacitación en ventas, y mi gerente escuchaba mis llamadas y me daba sugerencias para mejorar mi presentación de ventas. En poco tiempo llegué a estar en el primer lugar del equipo de ventas, y algunos compañeros comentaban sobre mi éxito: "Es tu acento, a la gente le encantan los acentos. Por eso te va tan bien". No me importaba si era mi acento o mis habilidades mejoradas; solo quería ser mejor y ganar más dinero. Seguía odiando el trabajo de llamar a la gente, pero pensé que aprovecharía al máximo la oportunidad para aprender a vender, mejorar mi inglés y ganar más dinero.

Me quedé en ese trabajo un par de años, hasta que tercerizaron el centro y a algunos nos pasaron a servicio al cliente, donde pasé otros dos años aprendiendo a ayudar a clientes de toda clase en catorce estados del oeste de Estados Unidos.

Al recordar aquellos tiempos, pienso en que esos trabajos no eran mi primera opción y en cuánto temía ponerme los audífonos cada vez. Pero también me doy cuenta de que esos años me ayudaron muchísimo más adelante en la vida. Las habilidades que aprendí, las personas que conocí, los clientes a los que ayudé: fue de la mejor educación que recibí después de la secundaria, y le saqué el máximo provecho.

Cuando me reúno con alumnos, padres o amigos que están pasando por un momento difícil (en la escuela, el trabajo o la familia), trato de transmitirles este mensaje: lo que sea que esté atravesando en este momento posiblemente sea una preparación para algo mejor que está por venir. Sea cual sea la situación, siempre hay algo positivo que se puede aprender. Algunos años después, quizás pueda mirar atrás y decir: "Guau, sé que fue difícil, pero valió totalmente la pena, y me alegro de haber seguido adelante".

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Sobre el autor

Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.

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