George, un niño pequeño y algo nerd, está sentado en su carpeta en el colegio, mirando avanzar el reloj, sin prestar atención a la clase, simplemente contando los minutos. Está concentrado en agarrar sus libros y salir corriendo al bus escolar antes de que los abusivos lo alcancen en el patio.
A veces, sin embargo, se demora, y eso significa que algún chico mayor le escupe la mochila, lo insulta o, peor aún, le da una paliza. Pero incluso si llega al bus sin un rasguño, también pueden pegarle ahí, o humillarlo, como cuando otro chico le bajó los pantalones a George delante de todos para que lo vieran y se rieran.
Un día, con un ojo morado, George por fin le confesó a su papá que lo estaban acosando en el colegio. Así que su padre lo llevó a la escuela de Karate de su barrio, donde encontró un lugar al que por fin pertenecía. Un lugar donde reconocían y desarrollaban su esfuerzo y su talento. Aprendió a pararse derecho, aunque fuera pequeño. A mirar a la gente a los ojos y a dar un apretón de manos firme. Su actitud cambió: de tratar de esconderse entre la multitud a pararse derecho y orgulloso de sí mismo.
Ese fue el día en que la vida de George cambió. Había encontrado en sí mismo el potencial que estaba escondido. Los abusivos trataron otra vez de derribarlo, pero él ya no se escondería ni huiría más. Por fin se defendió y, con el tiempo, los abusivos nunca más se metieron con él. En pocos años George obtuvo su cinturón negro en Karate y se volvió imparable. Lo demás… es historia.
Si usted sigue la UFC (Ultimate Fighting Championship), quizás lo conozca como George (RUSH) St-Pierre, una leyenda del deporte por sus logros y su estilo de pelea. Sin mencionar su éxito económico. No solo es un peleador excepcional, sino también un caballero, algo que le atribuyo a su familia y a su formación en el Karate.
Hace algunos años, un hombre que pedía limosna se acercó al carro de George en las calles de Quebec, y él reconoció en ese hombre desaliñado al abusivo de su antiguo colegio. El hombre dudó al verlo y luego le pidió perdón por lo que había hecho de niño. George lo perdonó y le dio todo el dinero que llevaba encima. No le guardaba ningún rencor al abusivo de antaño, pero la vida había dado la vuelta completa para ellos. George St-Pierre no venció a los abusivos dándoles una paliza con su Karate. Los venció superándose a sí mismo. Les ganó teniendo éxito en la vida. El Karate le había dado las herramientas para convertirse en una mejor versión de sí mismo y triunfar.
En un documental reciente sobre su camino de niño acosado a campeón, George nos da la respuesta para vencer a los abusivos. Reflexiona: “Al abusivo no se le vence cambiando al abusivo. Se le vence cambiándose a uno mismo. Antes de poder cambiar el mundo, uno tiene que cambiarse a sí mismo, y luego el mundo cambiará por sí solo.” Así que espero que todos nos esforcemos por hacer lo mismo, por nosotros y por nuestros hijos.
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Sensei Willy Strohmeier fundó Colorado Karate Club en 2005 y desde entonces enseña karate Shotokan tradicional a niños y adultos en Brighton y Westminster, Colorado. Escribe una columna mensual para The Brighton Buzz.
